Contemplar la obra de Antonio Gaudí, coincidiendo con el año en el que se celebra el centenario de su muerte, es adentrarse en una nueva dimensión espiritual donde el poder del hombre se queda pequeño para admirar en toda su expresión una arquitectura que tiende la mano al Creador. Obras como la Sagrada Familia de Barcelona, el Palacio de Gaudí en Astorga, El Capricho de Comillas o la Casa Batlló, también en la Ciudad Condal, muestran algunos de los elementos que son clave en la arquitectura y la filosofía religiosa del autor catalán: la curva. Una medida longitudinal que en su expresión máxima lleva a quien la observa en catedrales y edificios a la meditación y a la reflexión interior.     

Gaudí, se adentra en la arquitectura de trazado curvo como una manera de acercarse a Dios, frente a una línea recta más materialista y humana. Fue tal su obsesión por lo curvilíneo que el arquitecto copiaba nuevas formas y esquemas directamente de la naturaleza con la intención de acercarse lo más posible al Todopoderoso. 

Sus discípulos siempre contaban como anécdota que cuando el maestro retiraba los andamios de sus obras, la luz resbalaba sobre la piedra, sin proyectar sombras duras, y creando una atmósfera idónea para la reflexión y el recogimiento. Gaudí veía su trabajo como una misión divina y su estilo está repleto de simbolismo cristiano por todas partes. Rezaba con frecuencia y, para él, sus diseños eran como una forma de vida espiritual que acompañaba con una vida muy austera y exenta de lujos.

Antes de construir la obra culmen de su línea corpórea, la Sagrada Familia, el de Reus realizó dos obras que mantienen una gran similitud y que son una especie de hilo conductor con esa construcción mística que no llegó nunca a terminar.

El primero de los edificios era el proyecto de las Misiones Franciscanas de África, en Tánger, en 1892, un proyecto colosal encargado por los marqueses de Comillas que nunca llegó a acometerse y del que existe escasa documentación. El complejo consistía en un gran recinto con iglesia, convento, hospital y escuela construidos a base de soluciones góticas y parabólicas que sirvieron como precedente arquitectónico para las obras que vendrían después.   Continuó, luego, con la Cripta de la Colonia Güell, donde Gaudí experimentó algunas de sus ideas, y que tenía en proyecto construir unas torres cilíndricas, las cuales no llegó a realizar. 

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