Hace cien años, Antoni Gaudí murió tras ser atropellado por un tranvía en Barcelona cuando apenas había iniciado su proyecto de la Sagrada Familia. A la sombra del arquitecto catalán, Barcelona se convirtió en la capital del modernismo en España en un momento en el que esta corriente inundaba Europa. En las provincias que forman Castilla-La Mancha su penetración fue más tímida, pero hoy se puede rastrear sus huellas mirando con lupa balcones, puertas, cornisas o ventanas.

En la región, la ciudad que puede exhibir más modernismo es Albacete. En parte se lo debe a un arquitecto de la tierra, Daniel Rubio Sánchez, que nació en Argamasilla de Alba.

Entre sus obras más destacadas en la capital albaceteña se encuentran:

  • La Casa del Hortelano (1912): Hoy sede del Museo de la Cuchillería, es uno de sus edificios más emblemáticos. Juega con elementos góticos y azulejos verdes en su fachada.
  • El Gran Hotel: Proyectado por Rubio, destaca por su recargado ático de ventanas geminadas.

  • El Templete de la Feria: Diseñado también por el arquitecto, para su construcción se utilizó cerámica de vidrio.

Por otro lado, el templete de los Jardinillos, aunque no es de la autoría de Daniel Rubio, destaca por su impronta, que recuerda un poco al diseño del Park Güell de Barcelona.

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